
Desde 1968, como fecha simbólica, ser de izquierdas en Europa --y con ello me refiero al vastísimo universo situado a la izquierda de los partidos socialistas de centro, centro-derecha-- es sinónimo de cierto romanticismo elitista y aventura ideológica individual, siempre en busca de nuevos espacios y sensibilidades sociales, que respondan, sin el menor éxito, a la presión agobiante de la alta burguesía dominante.
Así, los partidos comunistas buscaron otras vías para hacer más presentable lo considerado como un escándalo (subidas de impuestos, menos horas de trabajo, amortización de tierras y grandes recursos). Se fundaron los partidos verdes, siempre minoritarios (los países más contaminantes son, curiosamente, los supuestamente más ecologistas). Nació o renació la extrema izquierda, grupúsculos anarquizantes, a cual más purista, que hacían del fraccionalismo un absurdo arte (con el fin de socavar toda dinámica unitaria y de masas) y diciendo representar verdaderamente a su clase social (aunque fuese a golpe de alcoholismo y violencia ciega). Inicluso algunos vieron en el terrorismo una salida (y se permitieron el lujo incluso de matar al servicio de los intereses del capitalismo, mientras decían combatirlo, "por todos los medios posibles"...). La introducción de la adición a drogas, en toda esta izquierda europea, como entre la juventud y buena parte de la sociedad de la segunda mitad del siglo XX, también hizo de su parte.
Buena parte de este mundillo, con honrosas excepciones, lo han compuesto personas que, si viniera un marciano del espacio exterior o resucitara Marx, serían definidas como elitistas, como no pertenecientes al pueblo llano y por tener un sistema de referencias alejado de la necesidad de crear otra dinámica mayoritaria. En la izquierda, los mayores, los padres, eran más revolucionarios que los hijos; tenían las cosas más claras. ¿Serán los nietos como los abuelos? Hay indicios de ello.
Mientras tanto, la izquierda chic no es ni vanguardia ni retaguardia, sinó que es simplemente cobarde, por no querer decir las cosas bien claras, por su nombre, y por no querer unirse en un solo frente electoral y recuperar la mismas señas de identidad que le dieron fuerza en el pasado. Está todo inventado, conceptualmente; "sólo" hay que recuperarlo: en los medios, en los parlamentos y en la calle. Eso es lo verdaderamente romántico, la auténtica aventura ideológica: que las ideas que sirvan para arreglar tanto despropósito lleguen, con contundencia, a todo el mundo.
Pero hoy se ha dejado de hablarle a la clase social a la que hay que representar, que es a la masa trabajadora, a la mayoría: dejando que ese discurso esté hoy en manos...¡de la derecha y la ultraderecha! que en la mayoría de los casos no pertenecen al mundo trabajador. No es extraño, por tanto, que en el mundo dominen los extremismos religiosos, prejuicios económicos, moralismos cavernarios, las xenofobias nacionales y de clase --sobre todo entre los de la misma clase social-- y, en general, domine la incultura y graves lagunas en educación. El caos desactiva los intereses sociales y beneficia a los poderosos.
No se estimula el oído y la razón de aquellos que, resignados, no ven que haya nada de lo que fiarse políticamente para salir a conquistar, con descaro, lo perdido y a defender lo conseguido, lo arrancado a duras penas. Una izquierda a la defensiva es lo que se necesita. Todo buen entrenador de fútbol sabe que un buen ataque empieza por una buena defensa y aquí a quienes hay que defender, sin màs tacticismos, es a los OBREROS y OBRERAS sean del país que sean, empezando por defender con fuerza la idea de que todos los que somos asalariados de perfil bajo --o lo queremos ser, ya que el frío mercado siempre está ahí, en el cogote, con su soplo helado de exclusión y pobreza-- somos de la MISMA clase social.
No podemos dejarnos convencer por partidos que representan a otros asalariados mucho más acomodados y aun menos a los partidos de los que viven de las plusvalías ajenas y del control de antiguas empresas privatizadas. Somos obreros: del tocho, de las fábricas, del teclado, de las pizarras, de los hospitales; de la contabilidad: sufrimos el sobreesfuerzo físico y enajenación mental; ...y queremos un mundo en dónde todo el mundo tenga un trabajo digno, una vivienda digna, un tiempo libre, unos servicios públicos y todo lo necesario para la vida bien cubierto.
Por todo ello, la izquierda chic y su discurso vacío, superficial, está condenada a desaparecer, desorganizada y sin discurso, mera comparsa de unos partidos socialistas que cada día traicionan más los principios para los que fueron creados --los partidos se crean para algo, aunque se haya olvidado-- que se han convertido en máquinas de gestión --en dónde la corrupción y el laiser faire se admiten-- y en mero freno de la peor catacumba --a la que también se deja hacer. Si la débil vela aún persiste, que yo creo que sí, habrá que volver a soplarla (la potente fragua) y salir del armario para volver a llenar de sentido aquello de libertad, fraternidad e igualdad. Fácil no será, de ahí lo interesante del asunto.

3 comentarios:
Saludos desde Francia donde luchamos tambien entre la derota del PS y l'inutilidad de las fracciones verde y ultra izguierdistas...
Electricidad ; salud y igualdad
Que viva el comunismo y la libertad !
¡¡Saludos, nuevo camarada!!!
Usebio
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