viernes, marzo 21, 2008

La libertad era comprar

Mucho se ha escrito y se escribe alrededor de Cuba. Pero nadie intenta acercarse al pensamiento general de la población común, los tópicos que han fructificado penosamente en las mentalidades. Dar lecciones a los demás sobre cómo deben hacer las cosas suele ser la tónica general, desde los países de economía y mentalidad competitiva. Los partidos de izquierda ya no dicen nada en defensa del socialismo cubano, y se limitan a dejar que los medios digan la suya. Y los medios gritan: ¡dictadura, falta de libertad, represión, presos políticos, comunismo! Mientras IU, ICV o EUiA miran para otro lado, anonadados ante un espectáculo circense de anti-izquierdismo ante el que no quieren o no pueden hacer nada.

Se describe como una esperanza que en Cuba ya se puedan adquirir "libremente" ordenadores, como si eso supusiera un avance en algo y una noticia relevante en nuestros países. La cuestión es que se pueda comprar en Cuba. Sin compra, no hay libertad, nos dicen, mientras imponen nuevas legislaciones que obligan a trabajar más años en la vida y más horas por semana, ignorando deliberadamente que esto sí es un ataque a la libertad individual y colectiva de la clase trabajadora. De la misma forma que lo es concebir la sociedad como un mercado de consumo y no como una entidad consciente con necesidades que van mucho más allá de la compraventa entre actores privados y-o individuales.

Cuba, como problema, es rentable (me refiero como concepto de venta al por mayor de noticias). Analizando su historia se verá que siempre lo fue desde antes de 1898 y que la pared ideológica construida en contra de su Revolución ha servido para poder crear hoy la mentalidad de que tan sólo las medidas liberalizadoras traerán el paraíso y terminarán con el último experimento social heredero de los valores de la Revolución francesa, de superación del viejo mundo, con todos sus errores e imperfecciones.

Otra curiosidad es la falta de autocrítica total del mencionado viejo mundo, que se cree en posesión de la verdad absoluta y cuyos dogmas comerciales y económicos son, sin duda, los peores, porque se fundamentan en la avaricia o la codicia (por cierto, pecados capitales, dicho esto ahora que estamos en tan señaladas fechas). Siempre la ha habido y siempre la habrá, y combatirlo es utópico, nos dice el discurso dominante, especialista en tumbar y suprimir aquello que disiente, hasta desanimarlo.

Como, al parecer, los cubanos no han caído todavía en ese desaliento, cabe pensar que su truco es realmente el bueno: insistir, resolver, buscar, solucionar. Aunque ahora que son libres porque pueden comprar --al parecer no podían antes y también parece que nunca existió bloqueo comercial que perjudicase el abastecimiento-- quizás sientan la necesidad de empezar a dejar que el capitalismo entre definitivamente en ese país, lo que, sin duda, permitiría que miles y miles de personas emigraran de la isla (libremente, eso sí), a causa de unas condiciones de vida iguales que las de hoy en Marruecos o Níger.

Los caminos-Chucho Valdés