domingo, septiembre 21, 2008

Burn Hollywood Burn




La insistencia de la publicidad hace mella en el subconsciente. Por ello, uno "debe" ir a ver Vicky Cristina Barcelona (en catalán, mejor) o Che, el argentino, para poder estar en el lugar que corresponde. La primera es una cinta sobre dos chicas yankees ultraguapas e inteligentes --ellas sí lo valen, en suma-- que demandan ser seducidas por un ultraguapo e inteligente pintor representado por Javier Bardem (cada día más antoniobanderizado, por cierto). Es el filme que Woody Allen quería mostrar sobre Barcelona, aunque tampoco habría estado mal una cinta sobre los pisos compartidos "en" Barcelona y los métodos de supervivencia más bien cutres y precarios de la mayoría de los jóvenes independientes que aquí vivimos. Que no cuenten demasiado conmigo para ir a ver el filme de Jaume Roures --nada interesado en Hollywiid, asegura. Aunque, como todo el mundo, ya lo he visto por pasiva tras el bombardeo comercial y político de los últimos tiempos...

En las antípodas --aparentes-- de esa película se halla la recreación de la "segunda" vida de Ernesto Guevara. La que empieza en México a mediados de los años 50 del pasado siglo, época en dónde hubo tiros y acción militar (que siempre venden bien para una película). Ha recibido elogios hasta de la izquierda menos analítica. Pero a mi me da grima pensar que este filme ha sido financiado, hecho y protagonizado por gente que igual mañana está firmando algún manifiesto diciendo que en Venezuela no hay derechos humanos o difamando a Evo Morales: poniendo en duda el legado del Che y allanando el camino hacia la guerra, pues. Así que no creo que me equivoque mucho si digo que para los productores y las distribuidoras de este filme hollywoodiense el espíritu del Che debe estar circunscrito a una película o a una camiseta, únicamente.

El cine no debe confundirse con la realidad. Pero tratan de vender gato por liebre, en muchas ocasiones. Se camufla de "veracidad" cualquier retrato en dónde solo hay puro y simple entretenimiento, cosa no mala en sí: pero que no engañen a la gente. Ya Lenin habló mucho del cine. Y es que a inicios del siglo XX se tenía bien claro que era una herramienta ideológica al servicio de la clase o el país dominante. Por el contrario, hoy, criticar de plano al cine equivale a chocar con gustos demasiado anclados en la gente. Una lástima, porque hay muchas objeciones que hacer sobre el cine usamericano, desde la perspectiva del materialismo histórico (método analítico útilísimo y cumbre del pensamiento crítico). Veamos.

Objeción 1: La propiedad intelectual, moral y ética del Che es de América Latina, no de Hollywood. Es ese continente el que debe realizar una película sobre Guevara (tal como ya hico Walter Salles en la bellísima Diarios de Motocicleta). ¿Cual es el problema? Que la industria cultural y cinematográfica de Estados Unidos, que exporta sus productos a todo el mundo a través de un lobby de carácter internacional (el MPPAA) ha eliminado prácticamente las demás filmografías americanas, inconstantes, irregulares, con pocos actores y con poco dinero. El 90% del cine mundial es norteamericano: algo falla, ¿no?

Objeción 2: Woody Allen es un pequeño burgués que sabe enseñar muy bien la vida del pequeño burgués de Nueva York, los líos psicológicos de urbanita intelectual y encerrado en su vidilla de referentes. Por eso, tampoco tiene capacidad para mostrar nada sobre Barcelona, más allá de tópicos. Eso le corresponde a algún joven director que salga del Escac y que no tenga la cabeza demasiado contaminada por los estrellones que se pasean por la ciudad "condal" cada vez que huelen una subvención pública. ¡¡¡El dinero de todos debe ser para el cine de aquí!!! Yo no creo que esta ciudad tolere demasiado bien a este tipo de gente, porque aquí somos, todavía, muy "del pueblo y la jarana". Pregunten a la gente: no he oído a nadie que diga que le gusta Vicky Cristina BCN.

Objeción 3: Muchos directores son unos vagos. Cuando se leen historias generales o concretas sobre personajes o situaciones del pasado (o del "presente"), uno se da cuenta de la mucha materia "filmable" que hay. Pero no: los Allen, Soderbergh y demás provienen de la cultura de la publicidad. Son incapaces de fijarse en el detalle, no pueden jamás llegar a conocer el fondo de las cosas porque no les interesa. Pintan con brocha gorda, hacen la promoción y se largan con el dinero. Las apreciaciones irrespetuosas --de cara a la galería: vende bien--- de Soderbergh sobre su entrevista con Fidel Castro para que le explicara detalles del Che yo estoy seguro que no las haría si en el guión se hubiera entrevistado con "demócratas" como Henry Kissinger (con quienes dudo que pudiera tener ninguna entrevista por otra parte).